Se desveló una vez más, como tantas otras madrugadas, en esa oscura y fría noche, intentó divisar estrellas en el firmamento, pero las densas nubes hicieron que hasta la reluciente luna se escondiese a sus espaldas. Un frío abatible congeló su cuerpo, y no tenía mantas para taparse, ya que nadie en esa lujosa ciudad las arrojaba al vertedero...
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